Siempre volviendo
Prometí nunca olvidarte.
Aquí yace mi orgullo.
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[21/03/2017
- Carta a un iceberg que se perdió en el océano]
Nunca estuve lo suficientemente cerca de ella como para saber que estaba pensando en ese mismo momento.
Quizás por eso aun me sorprenda mirándola pestañear de esa manera tan suya. Quizás por eso aun me sorprenda escuchándola cada noche como si fuese la primera vez que escucho su nombre.
Pero como no iba a hacerlo, si cada vez que la miro la unesco cambia las maravillas y las deja en dos, su nombre y la manera de la que tienes que tocarla al sur de sus caderas para que se deje ser.
Nunca estuve ni estaré a su altura. Ella juega a saltar en los acantilados de la vida, con la tranquilidad de un niño jugando en la arena. A diferencia de ellos ella juega conmigo, como mucho antes hicieron con ella.
Y me da miedo cuando me despierte y no la tenga a mi lado, cuando vea la puerta abierta y la marca de carmín en el espejo. Sufro, pero ella quizás no lo sepa, porque nunca estuvimos lo suficientemente cerca y, desde este acantilado, todo no parece demasiado lejos.
- M
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Maravilloso
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